A menos de tres meses de las elecciones federales y todavía
no sabemos bien a bien que proponen los candidatos y candidatas. No es que
hayan estados callados, al contrario. Es
que lo que han comunicado no es útil para elegirlos.
Las clásicas frases publicitarias: “Estoy contigo”, “Soy tu
voz”, “Busco tu felicidad”, “Sí se puede” y otras muchas, están siendo
repetidas de tal modo como si quieran
que las memoricemos. Parece que nos consideran realmente tontos,
incapaces de usar la razón para tomar nuestras decisiones. Por eso apelan a
nuestras emociones y no a la razón.
Por otro lado, lo que nos dicen es tan parecido que no los
distingue. Quieren hacernos creer que se identifican con nuestras necesidades,
como si las necesidades de los que ganarán salarios fabulosos fueran las mismas
del ciudadano promedio. Nos dicen que son nuestra voz, pero no se han molestado
en consultarnos; meramente suponen que su ideología tiene que ser la nuestra. Nos
dicen que quieren nuestra felicidad, sin pensar que para muchos ciudadanos la
mayor felicidad sería que no hubiera políticos. En otras palabras, señor
candidato: si los partidos quieren nuestra felicidad lo mejor que pueden hacer
es regresarse a sus casas y dejar que otros gobiernen.
No faltan los mensajes motivadores, del tipo de: ¡sí se
puede! Muy efectivo en un partido de fútbol, pero poco útil para saber si ustedes
tienen las capacidades para gobernarnos. Y, la joya de los argumentos, de qué
color son los candidatos. Como se nos importara mucho si son amarillos verdes o
rojos con puntitos blancos.
Recientemente tuve el honor de estar en un Estado que está
por elegir a su nuevo gobernador. El debate se estaba centrando sobre si una de
las candidatas se había hecho o no el Photoshop y las respuestas eran en el
tenor de decir que los hombres también se hacen Photoshop. Todavía no alcanzo a
comprender si una persona que no se hace Photoshop en sus fotos es más hábil o
más idónea para gobernar que quienes sí lo hacen, pero aparentemente ése es el
tema de la discusión.
En el centro de la mayoría de los argumentos (es un decir) está
una falacia, una artimaña de lógica que es la favorita de la mayoría de los
políticos mexicanos. Esta falacia consiste en creer que si yo puedo demostrar
que mi contrincante está mal, en automático estoy demostrando que yo estoy
bien. Lo cual es un absurdo. Demostrar que el otro falla no es lo mismo que probar
que yo haré las cosas bien; pudiera ser
que los dos fuéramos ineptos. El demostrar que el otro es corrupto, no es lo
mismo que demostrar que yo soy honesto. Puede ser que los dos seamos
deshonestos. Demostrar que el otro no supo gobernar, no es lo mismo que
demostrar que yo seré mejor gobernante.
Pero eso es lo que estamos recibiendo: un debate electoral
de ínfima calidad. Un ciudadano sensato y consciente se encuentra en este
momento en un dilema. Debe y quiere
votar, pero no tiene ni los conocimientos mínimos sobre los candidatos, más allá de si usa Photoshop o no,
ignora cuáles son sus argumentos, no conoce sus antecedentes. ¿Cómo votar
sensatamente?
Señores candidatos: ¿Por qué no usar una ínfima parte de los
enormes (y ultrajantes) recursos que han recibido para esta campaña para
informarnos ampliamente quienes son ustedes, qué han hecho y que se proponen
hacer, de una manera clara y detallada, al alcance de los votantes, no con un
lenguaje que solo los expertos entienden?
¿Por qué no prueban, por esta vez, un arma electoral que
casi nunca han usado, la Verdad?
Coincido con usted y también me encantaría escuchar anuncios en los que candidatos expusieran de forma clara su ideología e intenciones pero tampoco puedo dejar de preguntarme que tan eficiente sería esta estrategia en un país en el que los chismes suelen tener mucho más impacto que los datos concretos. Como usted menciona, esta estrategia causa mucha confusión en el ciudadano sensato y consciente, pero ¿Cuantos somos? Estratégicamente (y aunque me duela) no parece tener sentido arriesgarse a perder las turbas por ganar a unos pocos ciudadanos sensatos y conscientes.
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