Señor/a Candidat@

Señor/a Candidat@

Usted no me conoce y probablemente nunca lo haga. En este blog están mis datos, que no son particularmente interesantes,

Soy un ciudadano mexicano, un votante. He votado desde que tenía 21 años en todas las elecciones federales y locales. No he fallado en ninguna y nunca he anulado mi voto ni votado en blanco. Intento votar este año, una vez más. Y, honestamente, no se por quién hacerlo.

Yo sé que Usted probablemente no leerá estas líneas y, si acaso lo hace, dudo mucho que me conteste. Escribo porque considero un deber cívico resolver mis dudas y votar conscientemente. Y estoy seguro que otros muchos mexicanos compartimos este desconcierto y queremos votar. Mis cartas a Usted van dirigidas a muchos ciudadanos como yo y en cierto modo, a mí mismo. Tal vez escribiendo se me hagan más claras mis dudas y pueda recibir retroalimentación de mis conciudadanos. Y, tal vez, podamos todos con ideas más claras, formar una corriente de opinión, modesta y pequeña pero muy auténtica y que sea para bien de nuestra Patria.


Antonio Maza Pereda

domingo, 15 de marzo de 2015

Tú estás mal, yo estoy bien

A menos de tres meses de las elecciones federales y todavía no sabemos bien a bien que proponen los candidatos y candidatas. No es que hayan estados callados, al  contrario. Es que lo que han comunicado no es útil para elegirlos.
Las clásicas frases publicitarias: “Estoy contigo”, “Soy tu voz”, “Busco tu felicidad”, “Sí se puede” y otras muchas, están siendo repetidas de tal modo como si quieran  que las memoricemos. Parece que nos consideran realmente tontos, incapaces de usar la razón para tomar nuestras decisiones. Por eso apelan a nuestras emociones y no a la razón.
Por otro lado, lo que nos dicen es tan parecido que no los distingue. Quieren hacernos creer que se identifican con nuestras necesidades, como si las necesidades de los que ganarán salarios fabulosos fueran las mismas del ciudadano promedio. Nos dicen que son nuestra voz, pero no se han molestado en consultarnos; meramente suponen que su ideología tiene que ser la nuestra. Nos dicen que quieren nuestra felicidad, sin pensar que para muchos ciudadanos la mayor felicidad sería que no hubiera políticos. En otras palabras, señor candidato: si los partidos quieren nuestra felicidad lo mejor que pueden hacer es regresarse a sus casas y dejar que otros gobiernen.
No faltan los mensajes motivadores, del tipo de: ¡sí se puede! Muy efectivo en un partido de fútbol, pero poco útil para saber si ustedes tienen las capacidades para gobernarnos. Y, la joya de los argumentos, de qué color son los candidatos. Como se nos importara mucho si son amarillos verdes o rojos con puntitos blancos.
Recientemente tuve el honor de estar en un Estado que está por elegir a su nuevo gobernador. El debate se estaba centrando sobre si una de las candidatas se había hecho o no el Photoshop y las respuestas eran en el tenor de decir que los hombres también se hacen Photoshop. Todavía no alcanzo a comprender si una persona que no se hace Photoshop en sus fotos es más hábil o más idónea para gobernar que quienes sí lo hacen, pero aparentemente ése es el tema de la discusión.
En el centro de la mayoría de los argumentos (es un decir) está una falacia, una artimaña de lógica que es la favorita de la mayoría de los políticos mexicanos. Esta falacia consiste en creer que si yo puedo demostrar que mi contrincante está mal, en automático estoy demostrando que yo estoy bien. Lo cual es un absurdo. Demostrar que el otro falla no es lo mismo que probar que  yo haré las cosas bien; pudiera ser que los dos fuéramos ineptos. El demostrar que el otro es corrupto, no es lo mismo que demostrar que yo soy honesto. Puede ser que los dos seamos deshonestos. Demostrar que el otro no supo gobernar, no es lo mismo que demostrar que yo seré mejor gobernante.
Pero eso es lo que estamos recibiendo: un debate electoral de ínfima calidad. Un ciudadano sensato y consciente se encuentra en este momento en un dilema. Debe y quiere  votar, pero no tiene ni los conocimientos mínimos sobre los  candidatos, más allá de si usa Photoshop o no, ignora cuáles son sus argumentos, no conoce sus antecedentes. ¿Cómo votar sensatamente?
Señores candidatos: ¿Por qué no usar una ínfima parte de los enormes (y ultrajantes) recursos que han recibido para esta campaña para informarnos ampliamente quienes son ustedes, qué han hecho y que se proponen hacer, de una manera clara y detallada, al alcance de los votantes, no con un lenguaje que solo los expertos entienden?
¿Por qué no prueban, por esta vez, un arma electoral que casi nunca han usado, la Verdad?

1 comentario:

  1. Coincido con usted y también me encantaría escuchar anuncios en los que candidatos expusieran de forma clara su ideología e intenciones pero tampoco puedo dejar de preguntarme que tan eficiente sería esta estrategia en un país en el que los chismes suelen tener mucho más impacto que los datos concretos. Como usted menciona, esta estrategia causa mucha confusión en el ciudadano sensato y consciente, pero ¿Cuantos somos? Estratégicamente (y aunque me duela) no parece tener sentido arriesgarse a perder las turbas por ganar a unos pocos ciudadanos sensatos y conscientes.

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