Señor/a Candidat@

Señor/a Candidat@

Usted no me conoce y probablemente nunca lo haga. En este blog están mis datos, que no son particularmente interesantes,

Soy un ciudadano mexicano, un votante. He votado desde que tenía 21 años en todas las elecciones federales y locales. No he fallado en ninguna y nunca he anulado mi voto ni votado en blanco. Intento votar este año, una vez más. Y, honestamente, no se por quién hacerlo.

Yo sé que Usted probablemente no leerá estas líneas y, si acaso lo hace, dudo mucho que me conteste. Escribo porque considero un deber cívico resolver mis dudas y votar conscientemente. Y estoy seguro que otros muchos mexicanos compartimos este desconcierto y queremos votar. Mis cartas a Usted van dirigidas a muchos ciudadanos como yo y en cierto modo, a mí mismo. Tal vez escribiendo se me hagan más claras mis dudas y pueda recibir retroalimentación de mis conciudadanos. Y, tal vez, podamos todos con ideas más claras, formar una corriente de opinión, modesta y pequeña pero muy auténtica y que sea para bien de nuestra Patria.


Antonio Maza Pereda

lunes, 7 de mayo de 2012

El primer debate: Las falacias


Estimados Candidat@s,

A diferencia de la mayoría de los mexicanos, estuve presenciando su primer debate y después viendo los programas de comentarios sobre los mismos. Mi propósito era conocer algo que me permita decidir mi voto. Tristemente, no lo logré. Las razones son muchas y no creo que las agote en una sola nota.

Esperaba razonamiento. Esperaba propuesta. Esperaba conocerlos mejor. Nada de eso ocurrió. También esperaba mejores análisis sobre su debate, y lo que obtuve fueron comentarios sobre el formato del evento y la vestimenta de una edecán. No cabe duda que estamos en el reino de la superficialidad.

Lo que sí vi en tod@s fue una falacia en el razonamiento. Todos se dedicaron a demostrar que los otros no servían, se equivocaban, mentían o eran malos por el hecho de ser políticos. De fondo, la falacia es la siguiente: Si demuestro que el otro está mal, quiere decir que yo estoy bien. Si el otro fue mal gobernante, quiere decir que yo lo haré bien. Si tal o cual candidato no cumplieron sus obligaciones o compromisos, quiere decir que yo estoy bien. Si los otros se están peleando, quiere decir que yo estoy bien. Si los otros están alineados con tal o cual grupo de poder, es que yo lo haré bien. Claro está que no lo dijeron así, pero esa era la intención de su razonamiento (es un decir).

¡Falso! Si el otro está mal, puede también ser que yo esté mal también. Que el otro haya fallado, no quiere decir que yo sea el mejor: a nadie nos garantiza que las fallas de un candidato demuestren que  otro u otra lo haga bien. Las fallas de los demás no quieren decir que sus ideas sean las correctas, señora y señores.

 Lo que faltaron fueron ideas, claramente expuestas y vigorosamente defendidas.  Se vale atacar las ideas y demostrar que están mal, y que hay mejores opciones. En un debate se deberían  exponer y examinar las ideas, sustentarlas y demostrar su superioridad. Las ideas no son sentimientos ni buenas intenciones. No son adjetivos ni objetivos, aunque claramente un objetivo mal planteado nos llevará a una actuación equivocada. Yo no vi ideas ni su demostración. Vi, eso sí, muchas falacias, muchos ataques, mucho manejo sentimental.  Pero no vi ideas. Y por eso sigo indeciso.

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